Inicio de sesión
CD "De Salzburgo a Nueva Orleans"
Es la segunda vez que se celebra un “año Mozart” y, sin embargo, a nivel popular poco se ha profundizado en el conocimiento del personaje. Es más, podríamos decir que a menudo las grandes conmemoraciones -y en el caso de Mozart es dolorosamente cierto- han arrojado más oscuridad que luz. Las interpretaciones más antiguas del personaje están teñidas de caducas ideas románticas y nacionalistas; las más recientes, deformadas por el maniqueísmo del Hollywood más comercial.
Así es como Mozart pasó de ser considerado un semidiós a convertirse en una especie de tarado infantiloide, alguien cuyo talento se manifiesta de modo tan fácil y natural que casi le resta mérito a su obra. Nuevos tópicos han suplantado a los viejos. Y cuando este año de Mozart termine, cuando el ruido de los homenajes se vaya atenuando y sean otros personajes los que merezcan toda la atención, lo más probable es que su figura siga siendo conocida nada más que superficialmente; como sostiene su biógrafo Wolfgang Hildesheimer, cualquier intento de hacer accesible la grandeza de este artista está destinado a fracasar. Y sin embargo, hay algo que trasciende a todas las interpretaciones y puntos de vista sobre el personaje en sí, algo que todo el mundo puede entender: su música.
Pocos artistas han conseguido un nivel de universalidad parecido al de Mozart; sería muy complejo analizar las causas, pero es evidente que en su obra conviven una aparente sencillez y una capacidad de sorprender inagotables, capaces de recrear sensaciones parecidas a la gente a través de las generaciones. No hace falta que sepamos de armonía ni de formas musicales, ni de orquestación ni de estilos, para encontrar en la música de Mozart una parte fundamental de nuestra herencia cultural, de un legado común. Y aquí es donde el jazz se encuentra a sus anchas, a la hora de dar un nuevo aliento a los temas musicales más populares.
El jazz no es sino un manera de tocar la música, cualquier música, de digerirla y transformarla en algo nuevo.
The Missing Stompers, curtidos en infinidad de conciertos didácticos y familiares, han demostrado mil veces que casi cualquier melodía es susceptible de ser convertida en jazz, desde una canción infantil a una sofisticada composición. Los jazzmen siempre se valieron de los éxitos musicales del momento como vehículo para la improvisación y durante mucho tiempo los llamados “clásicos populares” no escaparon a esa categoría.
Lo que The Missing Stompers pretenden es precisamente utilizar ese material melódico legado por Mozart a la memoria popular y, con el más irreverente de los respetos, tocarlo como jazz, de la misma manera que lo harían con cualquier standard de Broadway. Quizá no haya una prueba mejor de que a los verdaderos genios no hace falta resucitarlos cada tantos años, sencillamente porque siempre estuvieron ahí, habitando nuestra cultura, vivitos y coleando.
Facebook
MySpace
Twitter
YouTube