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Nueva Orleans y el Jazz PDF Imprimir E-Mail

En la novelas de William Faulkner siempre hay un personaje o varios que beben apasionadamente whisky sour en destilerias clandestinas, mientras afuera se abate el calor y la ley seca en los anchos campos de algodón de los Estados del sur.

Y el whisky no es una bebida cualquiera, sino un cóctel con mucho bourbon - el particular whisky dulzón del sur de Estados Unidos -, una pizca de azúcar y limón, mucho limón. Esta bebida mezclada forma parte de la mitología del profundo sur como los barcos flotantes sobre el Mississipi, las plantaciones y los esclavos, los funerales interminables y las bandas de música tocando algo indescifrable y borroso, algo así como Jazz, justo a principio de siglo.

Pongamos que estamos en 1900 y en la ciudad de Nueva Orleans. Era una ciudad al mismo tiempo española, francesa, americana y africana. Como ciudad portuaria, junto al delta del Mississipi, acogía un mezcla extraordinaria de razas y procedencias, convenientemente maceradas en algunos barrios populares como el mítico Storyville. Y de este aluvión de ritmos españoles, franceses, americanos y sobre todo africanos, surge algo nuevo, una palabra corta que encierra un mundo dentro: jazz. No tuvo un nacimiento noble, es cierto, como sucedió con el tango o un siglo antes con el vals. Era de procedencia rural, patrimonio del proletariado negro y se refugió en prostíbulos o en etílicas marchas callejeras, festivas o funerarias: bandas solemnes cuando acompañaban al finado hacia el cementerio y, por arte del whisky sour, bulliciosas y disparatadas a la vuelta del camposanto.
¿Qué significa la palabra jazz? Cosa ardua. En el libro Jazz, de Pere Pons (Madrid, 2000), se manejan varias teorias, con étimos procedentes del inglés, del francés,o africanos. La más bonita es la procedente del dialecto francés criollo o cajun: a las prostitutas de Nueva Orleans se las llamaba jazzbell, una deformación de la Jezabel bíblica. En Storyville, sea como fuere, en ese cóctel de esclavos negros con una pizca de criollos franceses y otra de anglosajones americanos, nació el gran género musical del siglo XX. Y también unos de sus hijos predilectos, Louis Armstrong (1900-1971) gestado en un prostíbulo de Nueva Orleans y criado musicalmente en los escandalosos cabarets de Storyville. Amstrong siempre guardó de los orígenes del jazz ese espíritu jocoso y liviano, a medias entre el músico y el showman, entre la melodía y el espectáculo (una reminiscencia de los minstrel shows, espectáculo teatro-musicales de artistas ambulantes).
The Missing Stompers propone un espectáculo a caballo entre las marchin's band de Nueva Orleans y el sentido del show de Louis Armstrong. Su repertorio incluye esa declaración de sonidos y ritmos que es When The Saints Go Marchin'In, puro estilo New Orleáns. El sonido New Orleans se componía de cánticos de esclavitud, música ritual, festiva, funeraria o incluso toques de marchas militares a la europea. Una banda de New Orleans se distingue por la improvisación a tres voces - trompeta, clarinete y trombón o saxofon - sobre ritmos de rag, blues o marcha.
En el Nueva Orleans del principio de siglo había bandas de negros y blancos, que cuando se encontraban en un cruce de calles se enzarzaban en una lúdica disputa musical. Lo mismo realizan el trompetista Joseph Siankope y el clarinetista Arturo Cid cuando alternan airadamente las voces de los instrumentos, en una divertidísima discusión que luego prosiguen con un poco de scat (improvisación sin palabras) vocal. No se sabe cuál es el contenido, pero sí que están irremediablemente enfadados. De fondo resopla la tuba y se oyen las cuerdas rápidas del banjo, esos sonidos que saltan a la misma velocidad que las cabriolas de los personajes en una película muda. The Missing Stompers no recrean sólo la música de jazz tradicional sino también su ambiente, su frescura, su enorme felicidad de vivir.
¿Quieren saber qué sucedió con el barrio de Storyville? Algo tan triste como la ley seca. Nueva Orleans se convirtió en puerto de guerra durante la I Guerra Mundial y el secretariado de marina clausuró el barrio de Storyville al considerar que la vida disipada podía entorpecer a la tropa. Louis Armstrong y muchos más emigraron a la ciudad de Chicago. Desde entonces en los campos de algodón del sur y en su literatura se bebe- siempre whisky sour- a escondidas, en destilerias clandestinas mientras el calor y el polvo balancean la conciencia, y el ritmo, y la voz.
Extracto del texto del programa
escrito por Ana Munain
de la gira 2001 del
Circuito Andaluz de Música.
 
 
 
 
 

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