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Arturo Cid
Nace en su ciudad natal a la temprana edad de cero años.
Al poco tiempo comienza a destacar como intérprete de arpa de boca, instrumento que llega a tocar en celebraciones religiosas con poco éxito. Esta experiencia marca el principio de su carrera musical y el fin de su vocación como misionero comboniano.
Siendo todavía un niño despierta su amor por el jazz y se matricula en el Conservatorio de Granada, donde cosecha varios fracasos consecutivos, a pesar de lo cual sus padres le regalan un clarinete, su instrumento soñado. Su psiquiatra afirma que esta desmedida afición por los instrumentos de viento responde a una regresión a la fase oral.
Todavía no entendemos por qué, durante su adolescencia, alternando con sus catastróficos estudios de bachillerato, empieza a ser solicitado por grupos de las más variadas tendencias -musicales- de su ciudad. En 1981 consigue ser admitido en un grupo de jazz y en 1983 graba su primer disco... punk.
Arturo Cid se dio cuenta casi desde el principio de que es más cómodo hablar de las cosas que hacerlas, por lo que, paralelamente a su carrera musical, ha ejercido durante años el oficio de crítico en diversas publicaciones y programas radiofónicos, así como las tareas de conferenciante, divulgador y organizador de festivales.
Ha tocado con gente muy buena -magníficas personas-, incluso junto a artistas extranjeros como Don Braden, Sal Nistico, Dave Schnitter, Michel Camilo, Michael P. Mossman y Bob Mintzer (con el que comparte el papel de saxo tenor solista en un CD homenaje a Count Basie).
En 1999 tuvo la oportunidad de tocar junto a Pedro Iturralde, pero el saxofonista navarro se negó en redondo. Este desaire no ha impedido a Arturo Cid colaborar con otras glorias de la música española como Juan Erasmo "Mochi", Paolo Salvatore, Elsa Baeza, Tony Landa, Los Ángeles, La Guardia y Los Payos; con estos últimos graba una nueva versión del célebre standard "María Isabel".
Muy activo en el campo de la didáctica musical, es autor de varios espectáculos como Con la música a otra parte, Cantos rodados y ¡Basura, qué hermosura! (premiado en el Festival Internacional de Teatro para niños de Bucarest, 2006) que ha sido presentado, además de en la capital rumana, en Belgrado y Nueva York.
Desde hace exactamente varios años compagina su trabajo como intérprete con la composición de música para televisión, aunque su labor principal en este medio se desarrolla en el mundo del guión. Su trabajo como escritor televisivo ha hecho llorar a millones de amas de casa. No iban a ser sólo los aficionados a la música los que sufrieran.
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